LOS CAPRICHOS DE LA INSPIRACIÓN

Llevo un semana  y media de vacaciones, en las que no he cogido la guitarra para nada, me encuentro en la residencia de verano de mi familia, rodeado de naturaleza, comodidad, piscina, buena comida y algún que otro mojito, jeje.

Por desgracia, mis hábitos me hacen levantarme como si no estuviera de vacaciones (6.30 de la mañana). Hace dos días, me levanto y el aburrimiento de la hora mañanera hace que decida planear mi trabajo y pensar en los nuevos proyectos, después de varias horas de meditación escuchando el cantar de los pájaros, termine marcando los nuevos objetivos.

Nuevos proyectos

Unos de los nuevos proyectos, consiste en componer varias falsetas de cada palo, basadas en mi Método P.E.M.I., donde intento buscar una manera fácil de tocar y de llegar directo al público.

Me marque como objetivo,  desarrollar cinco cuadernos de partituras de varios palos del flamenco y me propuse hacerlo, a lo largo del verano.

Ayer por la mañana cogí mi ordenador, coloque la mesa y la silla al lado de la piscina y desenfundé la guitarra.  Empecé a desarrollar ideas pensando que tendría suerte si salía algo interesante, pues para mi sorpresa en dos días (4 horas en total) he terminado tres de los cinco cuadernos que tenía pensado  terminar durante todo el verano. Esto en mi lugar de trabajo, mi hubiera llevado casi dos meses, creo que la rutina, en ciertos aspectos de la vida, es bloqueadora y tenemos que estar en continuo cambio si queremos tener resultados distintos.

Conclusiones

Tenemos que salir de nuestra monotonía y buscar nuevos estímulos si queremos seguir mejorando en nuestro trabajo. Aquí se basa mi método, en vivir experiencias y cuestionarse: ¿Cómo puedo ser mejor y aprender más rápido?

Cuántas veces hemos experimentado sensaciones como esta, pero sin embargo seguimos cometiendo los mismos errores y volviendo a la monotonía.

Como suelo decir en el libro del Vademécum del guitarrista flamenco: “sin emociones no aprendemos ni somos nada”, para conseguir un ambiente de trabajo fructífero, tenemos que emocionarnos y de esa manera, dos horas de trabajo, pueden cundirnos tanto como ocho en otras circunstancias.

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